“Riquelme es de Boca, de Boca no se va…”

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La ida de Riquelme está cerca pero el hincha xeneize disfruta cada minuto de él…

Así despidió la bombonera a su jugador predilecto. Al amado por todos xeneizes. Aquél que volvió de Europa para jugar sólo cuatro meses en este equipo que pedía a gritos un enganche. Parece lejano aquél partido contra Rosario Central donde todos vimos nuestro sueño hecho realidad, ver a Román de nuevo con la 10 de Boca.

Hoy pasaron los cuatro meses, y Boca está nuevamente a un pasito de otro logro continental. Y quién, sino él, fue el máximo responsable.

En un partido duro desde el comienzo, con un arranque dubitativo por parte de Boca, Román tuvo pocos espacios en la primera etapa. Los brasileños se pararon bien y marcaban duro. Román no podía tener la pelota, apenas la acariciaba, falta. De sus pies nació el primer gol de Boca en la noche y luego, en una jugada por la banda izquierda en la que se perfiló y remató cruzado, la pelota se fue cerca del palo.

Poco más sucedió en el primer tiempo. En la segunda etapa todo fue distinto. La figura de Román se erigió desde que comenzó a rodar el balón. Se adueñó de la pelota y de la cancha. Todo pasaba por él, volvió locos a los rivales que, inútilmente, intentaban robarle el balón por las buenas. Luego los brasileños quedaron con uno menos y ya nadie se la pudo quitar de los pies. Y por izquierda, con las subidas de Clemente, encontró un socio veloz con quien tirar paredes y tocar en profundidad. Boca estaba muy cerca del segundo pero no lograba concretar. Hasta que todos nos codeamos cuando el árbitro pitó un tiro libre cerca del área, recordando el partido de vuelta frente a Cúcuta. Toque de Morel y golazo. Delirio. Romance interminable con ese número 10 que nos robó la voz de tanto gritar el gol. Y cuando el partido se moría, nos terminaría de endulzar con una jugada bien suya en la que amagó por tres y sacó un remate violento que Saja desvió a los pies de Palermo, quien tiró el centro que culminó en gol de Ledesma. Una despedida soñada en una Bombonera que sudaba y latía de amor incondicional, con Maradona y Tevez en el palco.

Un tipo callado afuera de la cancha, pero adentro, vital. Por su magia y por lo que representa. Ya no es más el chiquilín que gambeteaba por todos lados. Hoy está mas maduro, y si bien la magia está intacta, ahora es más cerebral. Pases gol, desequilibrio, la desesperación de los rivales que no le pueden quitar la redonda, y sobre todo, alegría. Todo eso, que temporalmente habíamos olvidado, volvió. Y nuevamente se ganó el respeto de aquéllos que, plumíferos o lo que fuese, se atrevieron a dudar de él. Los rivales le temen. Saben quién es. Nosotros lo amamos, porque es, detrás de Diego, el 10 que más alegrías nos dio.

Responsable directo de las victorias xeneizes a lo largo de la copa, nos hace pensar qué hubiese sido de nosotros sin él en este semestre. ¿Hubiese llegado Boca a la final sin Román? Probable, pero dudoso.

Y justo ahora, que ya recuperamos la alegría, que nos volvimos a acostumbrar a él, nos lo vuelven a sacar. Es cierto que todavía hay escepticismo, nadie se aventura a decir qué será de su futuro. Pero pensándolo en frío, si nuestro presidente, candidato porteño con necesidad de votos, calificó su continuidad como una “misión imposible”, poco margen hay para soñar.

El tiempo dirá.

El miércoles, unos pocos afortunados vimos, todos apretados en las bandejas de la Bombonera, el posible último partido de Román en esta etapa. Nos regaló un golazo y un partido para recordar siempre.

Nos quedará un amargo sabor de boca si Román tiene que irse, si aparece algún equipo europeo que ponga la plata que boca no tiene (o no quiere) poner. Pero en el fondo sabemos que volverá, una vez más, a devolvernos la alegría perdida.

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