“Fica Dunga!” (Dunga, quedáte!), cantaron los hinchas argentinos. Mal partido según los periodistas brasileños. Criticaron duramente a su equipo y a su entrenador. Argentina tampoco se salvó, según ellos no demonstró el nivel que se esperaba. Sin embargo, visto de adentro de la cancha, algo tuvo de especial.
Carlos Gabriel, desde Belo Horizonte
El Mineirão se pintó de verde. Literalmente. Una iluminación especial le daba el color principal de la bandera brasileña. Todo muy bien organizado, lo que no es muy común para los que viven acá, porque si vas a un partido de Cruzeiro o de Atlético Mineiro conseguir una entrada y pasar a las tribunas es algo complicado.
El clásico Brasil – Argentina jugado el miércoles era además de un partido muy importante para las Eliminatorias hacia el Mundial 2010, una campaña política para que Belo Horizonte y el Mineirão, sea una de las sedes del Mundial Brasil 2014. Shows con los dos grupos más exitosos del estado de Minas Gerais, Skank y Jota Quest, una pantalla gigante recién construida, y un homenaje recibido por Pelé de las manos del Gobernador del Estado son ejemplo de todo lo especial que generó el partido. La música le gustó mucho a los argentinos en general, hasta me preguntó un señor como se llamaban los grupos, probablemente para descargar las canciones después del partido.
No creo que Argentina haya jugado mal. Se cuidaban mucho para que no se repitiera lo que pasó en Maracaibo, cuando se tiraron para adelante sabiendo que tenían un mejor equipo y fueron apabullados por los veloces contraataques verdeamarillos. Manejaron la pelota y trataron, con el talento de Messi y las variantes que él puede crear, ganarles a dos de los mejores centrales del mundo. Pero no se pudo. Argentina sabía lo que podría pasar si se tirara demasiado al ataque. Luís Fabiano, mas rápido que el reemplazado Adriano, trataba de aprovechar los huecos que daban Coloccini y Nico. Y casi lo logra. Estaba en offside cuando se iba mano a mano con el Pato.
A mi me gustó el partido. Probablemente porque estaba en la cancha. Viendo allí delante mío, como Zanetti dominaba una pelota que le tiró Heinze y venía tan redonda como una empanada, pero el Pupi puso el pié y la pelota se pegó a su botín hasta que tocó el piso. O como Robinho le tiraba un caño de novela a su compañero en el Real Madrid y tiraba al arco (esa pelota rebotó en Burdisso y le quedó limpia a Baptista. El Pato le sacó el grito). Impresionante la fuerza de Adriano. En una más dura hizo volar a Nico hasta el banco de suplentes. ¿Qué decir de Messi? Una sola frase basta: es muy difícil saber donde termina la pelota y empieza su botín. Se confunden.
El que se fue del Mineirão y no le gustó lo que vio no sabe apreciar el fútbol.
Dos buenas:
Gutiérrez: La verdad es que no lo conocía. “¿Qué hace este tipo ahí y dónde está La Fiera?”, me pregunté. Pero él hizo todo bien. No lo dejó jugar a Maicon. Hizo un partido muy lúcido casi no erró pases ni perdió la pelota. La jugaba siempre con mucha objetividad hacia adelante.
El doble 5: Gago y Mascherano se hicieron dueños de la mitad de cancha y aportaron mucha más calidad a la salida de juego que Verón ante Ecuador. Incluso Riquelme pudo jugar mejor. Recibía pelotas por el piso y no pelotazos largos.
Dos Malas:
Cruz: ¿¿Qué hace este tipo con la camiseta Argentina?? No se coloca bien, no tira bien al arco, hace foules bobos sin parar y les pregunto: si quiere Basile un 9, (cuando no quiera jugar con dos bajitos) y necesite que baje pelotazos y que le gane por arriba a una defensa alta, ¿hay algún argentino mejor que MARTÍN PALERMO? Muy simple la respuesta: Para nada.
La hinchada local: Silbaron el himno argentino, una falta de respeto que no tuvieron los hinchas argentinos, que se callaron en la ejecución del himno brasileño. No alentó a su equipo un solo minuto siquiera. Se preocuparon en decirle de todo a su entrenador y pelearse entre ellos con cantitos de los clubes locales.
Todo esto son humildes opiniones de un hincha argentino que vive en Brasil desde los dos años de edad y que recién vio a su selección jugar, de adentro de la cancha, por primera vez.












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