Actualidad, Análisis — 26/12/2008 16:28

El cabaret fue pura fiesta

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Los problemas internos del plantel, que salieron a flote durante el mes de octubre, finalmente sirvieron para aclarar asuntos pendientes entre los jugadores y plantearse que el club estaba por arriba de los intereses personales.


Llegaron las convocatorias para las selecciones durante el mes de octubre y varios jugadores de Boca fueron llamados por los combinados nacionales, entre ellos, Juan Román Riquelme y Julio Cesar Cáceres.

El equipo de la ribera no atravesaba su mejor momento futbolístico. Boca había ganado en forma contundente los primeros cuatro partidos del torneo apertura sin la presencia de su figura, Riquelme, quien se encontraba con la selección sub-23, disputando los JJOO en la ciudad de Pekín.

Tras consagrarse campeón de dicha competición, Román regreso lo más rápido posible y se vistió con la 10 en la espalda para la vuelta de la Recopa, partido que termino con un dos a dos ante Arsenal y corono campeón a Boca de dicha competición. Sin embargo, el trayecto del xeneize en el torneo local fue cuesta abajo. El equipo solo saco tres puntos en los siguientes seis partidos, cosechando en los últimos tres, derrotas contundentes.

Tigre, en un partido atípico, venció a Boca en la Bombonera por cuatro a tres. Godoy Cruz, el recién ascendido, humillo al xeneize en Mendoza con un cuatro a uno, producto de una noche soñada de Jairo Castillo, quien marco tres goles. Este encuentro fue el último de Caranta en el arco de Boca, que sumado a una situación aun poco entendible, fue excluido por el técnico Ischia. Para completar el triplete de derrotas, en el debut de Javier García en el arco, Estudiantes venció por dos a uno, nuevamente, en la supuestamente inexpugnable Bombonera.

Con este panorama previo al superclásico ante River, llegaron las convocatorias de las selecciones. La prensa amarillista ya hablaba de fuertes internas dentro del plantel de Boca, internas que apuntaban directamente hacia la figura de Juan Román Riquelme. Según estos medios, el ‘diez’ había sido el principal artífice de la salida del arco de Caranta, de que Migliore se haya tenido que ir del plantel y en resumidas cuentas de casi todos los problemas que circuncindaban el mundo Boca.

Todo esto se había convertido en una bomba que estaba a punto de explotar y solo faltaba alguien que terminara de encender la mecha. Y el encargado, sin llamar a serlo, fue Julio Cesar Cáceres.

Desde el Paraguay, donde concentraba con la selección paraguaya, eligió una radio local para hacer declaraciones, donde apunto directamente a Riquelme, acusándolo sin miramientos de su mala predisposición a los entrenamientos, de no estar motivado y entre otras cosas, de no ayudar al buen funcionamiento del plantel con sus actitudes con este.

Talvez pensaba Cáceres que las declaraciones no iban a llegar a la Argentina, o que no iban a hacer el afecto que finalmente hicieron dentro del plantel. Pedro Pompilio fue el primero en defender a su preferido, Juan Román Riquelme. Se hablo desde rescisión del contrato, hasta una gran sanción económica y que iba ser apartado hasta el final de la temporada.

Román aporto lo suyo. En la última palabra, programa de Fox Sports, critico a Cáceres por la forma en que hizo sus declaraciones y resalto que el paraguayo se había ido mal de todos los equipos en los cuales había estado. El enganche de Boca y del seleccionado argentino regreso antes de tiempo, tras llegar al limite de amonestaciones con la selección, con el claro fin de terminar con el conflicto que lo había tenido como protagonista.

Cáceres le pidió perdón a todo el plantel por la forma en que hizo sus declaraciones y Martin Palermo, en recuperación por su lesión, hizo su rol de capitán / moderador y le planteo al 10 las opiniones que tenía casi todo el equipo en cuanto a sus actitudes. Riquelme junto a todo el plantel en el vestuario y fue bien claro con sus compañeros:

“Yo soy así y no voy a cambiar. Ésta es mi forma de ser. Adentro de la cancha somos un equipo, afuera no quiero ser amigo de ninguno”, respondió para lo primero. Y, sin perder la calma, les repreguntó: “¿No me entreno todos los días con ustedes? De qué privilegios me hablan?”. Y por esos “me dijeron que me dijiste” tampoco se alteró. La conclusión final de Riquelme puertas adentro fue muy clarita: “En el 2000 estábamos mucho peor que ahora y salimos campeones del mundo”. Puertas afuera, antes de dejar el club, pasadas las dos y media, el 10 fue un tanto más sintético: “No pasó nada. Puro puterío. El domingo le ganamos a River”, les dijo a los suyos.”

Y así fue. Román fue bien claro en sus intenciones. A pesar de haber ninguneado a Caceres con la ya famosa declaración “ese muchacho”, pidió que juegue contra River. No quiso la amistad del plantel, sino su buena concordancia y entendimiento dentro del campo de juego, y una buena relación fuera, aunque sea de camaradería.

Luego de esta complicada interna, Boca salió favorecido. Por esta convención, las internas entre los jugadores quedaron guardadas en el placard y el torneo paso a ser lo fundamental. Se gano el superclásico en el monumental, con lo que fue el mejor partido desde su vuelta de Juan Román Riquelme y un gran partido defensivo de Cacerés.

Boca empezó a descontarle los once puntos de distancia a San Lorenzo. El grupo sufrió otro gran golpe con la muerte de un presidente tan querido como Pedro Pompilio y sin embargo, siguió unido, y en esa semana, venció al ciclón en la bombonera. El resto es historia conocida. El xeneize es el nuevo campeón de fútbol argentino.

  • ¿Qué opinas acerca del manoseo que hubo con el plantel? ¿Se mantendra la “buena” relación o el plantel volverá a caer en nuevas internas? Dejá tu comentario.
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