Más allá de las cargadas, los afiches y las burlas al clásico rival por su histórico descenso al Nacional B, este catastrófico desenlace del club de Nuñez deberá ser un llamado de atención para todos los equipos de primera y, sin duda, también para Boca.
El descenso de River demuestra una teoría irrefutable: Cuando sistemáticamente las cosas se hacen mal, las consecuencias son inevitables.
El club hoy presidido por Daniel Passarella avaló ocho años de mandato de un dirigente de la calaña de José María Aguilar, que vació las arcas de la institución. Paralelamente, permitió que la barrabrava se adueñara de todo. Así fue el desenlace: Un muerto, una interna feroz por dinero y poder y la inimaginable situación del último miércoles, cuando los barras entraron a la cancha en el medio del partido a pedir “actitud”. Futbolísticamente cometió un error tras otro y llenó su plantel de jugadores y entrenadores mediocres. Así terminó, con River en el Nacional B, devastado económicamente y con su hinchada rompiendo el estadio.
Y es aquí donde todos los equipos del fútbol argentino deben tomar nota. Aquí ahondaremos en Boca, claro está. Si bien la situación con los promedios del xeneize (arranca 12º con 1,315) no será tan apremiante como lo fue para River, desde 2009 en la institución se han cometido errores groseros y los resultados deportivos dejaron mucho que desear.
En Boca también hay interna dirigencial. En Boca hubo graves problemas económicos, aunque la situación haya mejorado. En Boca siempre merodean los problemas por las distintas facciones de la barra. En Boca los últimos desempeños deportivos no han sido buenos.
En comparación con el desastre de River, la magnitud de los problemas de Boca es sustancialmente menor.
Pero los dirigentes, jugadores e hinchas deberán estar atentos para no permitir que una crisis tenga el mismo desenlace que en la vereda de en frente, sobre todo en este momento, que Boca ha quedadado indiscutiblemente como máximo referente histórico del fútbol argentino.












