Fue sorpresivo, nadie se lo esperaba. Sólo él lo sabía, sólo él lo vio. Juan Román Riquelme le puso punto final a su etapa en Boca de manera imprevista.
La derrota ante Corinthians quedó en el pasado. Ahora sólo importa él. El ídolo máximo de Boca dio un paso al costado. No veremos más sus pinceladas, sus pases ni sus goles. La pausa, la estirpe de líder y su personalidad lo hicieron grande, enorme.
Nunca traicionó sus principios, sus convicciones. No se vendió a los barras ni a los dirigentes. Mucho menos a los periodistas. Siempre defendió a los suyos. Cuidó de los más chicos como si fueran sus hijos. Un señor fuera de la cancha.
Decirle gracias es poco, no alcanza. No lo disfrutaremos más, una lástima. Se fue Román, se fue el fútbol en esencia pura. La pelota llora, el fútbol argentino está de luto.












