Inauguramos una nueva sección en TodoBoca en el que tendrán lugar diferentes testimonios de hinchas xeneizes que viven en otras partes del mundo.

Hoy: “El traductor del barra xeneize”, anécdota de Carlos Gabriel, xeneize que vive en Brasil. El relato ocurrió en la previa al partido Cruzeiro - Boca, la vuelta de octavos de final.
A pesar de haber vivido casi toda mi vida en esta ciudad soy un hincha de Boca como todos, de nacimiento. Tenemos un cromosoma azul y oro, que puede considerarse una bendición si se tiene en cuenta que otros también nacen con un cromosoma diferenciado pero de aquellos que los biólogos suelen encontrar en las células de algunas aves de corral.
Y es en estas condiciones en que aparece la oportunidad inigualable, casi una obligación. Ver a Boca con la hinchada de Boca. Por primera vez en la vida y a los pocos días de cumplir mis Bodas de Plata como hincha.
Llegué al Mineirão y fui a buscar a los de mi especie (los del cromosoma azul y oro). No fue difícil encontrarlos, concentrados en la tarea de transportar al interior del estadio la considerable cantidad de banderas y bombos que habían llegado de Buenos Aires.
Sentía que estaba con mi gente pero tuve una impresión inesperada. Por alguna razón me parecía que una buena parte de esas personas no tenían condiciones socioeconómicas como para pagarse un pasaje aéreo internacional, viajar al extranjero para ver un partido de fútbol y volver, pero estaba con mi gente.
Me preparaba para entrar y buscar un lugar adecuado para ver el partido cuando escuché el grito. Un auténtico pedido de socorro.
— ¡Necesito a alguien que hable portugués…!
— ¿Qué necesitás? — le dije suavemente demostrando dominio de la situación.
— Decile al chofer del micro que entre por el portón y nos espere hasta el final del partido — dijo el hincha.
La respuesta fue negativa:
— Él dice que lo acordado era llegar hasta aquí y nada más.
— ¡Yo pago! — reaccionó el hincha en forma inmediata.
No hizo falta traducir. El conductor tomó su teléfono móvil, consultó y emitió la sentencia:
— Duzentos reais.
Tampoco fue necesario traducir, el hincha abrió su billetera. Había billetes de varios colores y de diferentes países. Sacó cuatro billetes de cincuenta reales y se los dio.
Entonces vino el “mangazo”. Los brasileños también saben hacerlo muy bien.
— Pregunta si hay entradas — traduje. Como por arte de magia apareció una entrada en la mano del hincha y se la dio al chofer.
Me retiré con la satisfacción de haber realizado mi buena acción del día. Satisfacción doble, había ayudado a un hincha de Boca.
Pasaron algunos segundos y un nuevo grito: ¡¿Dónde está mi traductor…?!
Que bueno es ser tratado profesionalmente — pensé, pero cuando llegué hasta él la situación ya se había resuelto. Aprendemos rápido cuando nos guía la necesidad.
No lo volví a ver. Estará hoy en nuestro Buenos Aires querido y el martes se tomará un avión rumbo a México. Interesante trabajo el del hincha profesional…
Como también tengo un respetable dominio del inglés me quedé pensando… ¿Habrá demanda en el mercado de trabajo para un traductor de hincha? En los próximos días recibiremos aquí a la Selección Argentina, veremos…
Carlos Gabriel.
Belo Horizonte – Brasil.
Publicado por Mariano F














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