Bajo los tres palos

Junio 19, 2008

Después del grave error de Migliore, que también pasó a otros arqueros argentinos jugando por competencias internacionales, uno se pone a pensar como la tradicción argentina de buenos arqueros es cada vez menor en los últimos 10 años.

Siete años tenía yo en el 90. Y mi primer recuerdo como hincha argentino es de un arquero que (junto a Diego, claro) nos llevó a la final de aquél Mundial. Fundamental en octavos, cuando Brasil lo peloteó y pudo dejar la selección parada como para que Maradona le pusiera aquella pelota a Caniggia. Después ante Yugoslavia en la definición por penales dónde falló El 10. Pero él no. Que decir de las semifinales? El penal que le atajó a Serena…

Lo mal es que se pasaron 15 años y en todo ese tiempo, el hincha argentino solamente se pudo sentir seguro cuando atajaron Carlos Roa y Luís Islas. Algo de seguridad transmite el Pato Abbondanzieri, a quién todos los hinchas de Boca adoramos, pero se sabe que cuando menos se espera, él deja pasar una pelota, como en este último amistoso contra México ò suelta un centro en los pies del delantero rival, como le pasó ante el Bayern Munich por la Copa de la UEFA.

Un breve overview sobre los otros arqueros que pasaron por la selección desde la mitad de los años 90:

Rolando Cristante (Copa América 1995) - Aunque le fue relativamente bien, Passarella no le dio continuidad y optó por Burgos (y después Roa) en las eliminatorias para el Mundial de Francia 98.

Germán Burgos (Eliminatorias y Copa América 1999) - Venía como titular hasta cerca de los mundiales 98 y 2002 pero terminó por perder la titularidad a pocos meses del inicio de eses dos torneos. Muy irregular. Poco confiable. Hacía defensas impresionantes con igual probabilidad que “salía a buscar mariposas”. Se hizo expulsar débilmente muchas veces jugando por aquél club de Núñez.

Pablo Cavallero (Mundial 2002) – Talvez el más débil arquero a jugar un mundial en el arco albiceleste. Trataba de sacar la mayoría de las pelotas con un vistazo. Simplemente no saltaba a buscarlas. Y cuándo lo hacía, lo hacía con mucha lentitud.

Albano Bizarri (Preolimpico 2000) – Jugaba para el Real Madrid y era una de las esperanzas que tenía Argentina de volver a tener un arquero de punta. Se acabaron en aquel 2-4 ante Brasil dónde el jugó muy mal y en su lugar ingresó Cavallero en los partidos siguientes. Este último terminó por soltar la pelota en el pié del chileno Navia, que nos dejó afuera de Sydney 2000.

Todo esto es muy poco para quién tuvo a Roma, Fillol, Pumpido, Goycoechea y otros en el arco. Creo que se vive una escasez muy seria de arqueros en Argentina hace mucho tiempo. No vemos ningún grande club europeo que tiene un argentino como titular, mientras Dida, Gomes, Julio César, Doni, Élton y otros más le dan buenísimas opciones a Brasil. Todos titulares en importantes equipos de Europa.

Vimos por la Copa Libertadores 2008 pavadas terribles de los arqueros de los equipos más tradicionales de Argentina. Carrizo contra San Lorenzo (una lástima que dio en palo!), Orión contra la LDU, para no recordarse lo que anduvieron haciendo Caranta y Migliore.

Puede ser que por mirar el fútbol argentino desde Brasil se me escapó algo que me permita analizar correctamente a los jugadores citados. Pero lo que veo hoy y lo que he visto en los últimos 10 años es una tremenda debilidad bajo los 3 palos, por ahora sin solución. Ustari? Talvez. Ojalá. Esto es inaceptable para un seleccionado que siempre es favorito cuando entra a disputar un torneo.


Carlos Gabriel
Corresponsal en Brasil.


Obstáculos propios y ajenos decretaron el final

Junio 5, 2008

Boca no contó con la suerte de la edición pasada, sufrió lesiones, absurdos incidentes y acciones desafortunadas en el campo de juego.

Nota relacionada: Out: No salió ni el tiro del final.

Cada inconveniente sumó un granito de arena a la carga con la que Boca afrontó esta Copa Libertadores. El equipo xeneize no contó con la tranquilidad grupal del año anterior, fue perseguido por las lesiones y además sufrió en carne propia la estupidez de un ¿hincha? que agredió a un juez de línea provocando la suspensión de La Bombonera. Sin suerte ante Fluminense, el último campeón perdió el cetro libertador y mirará desde Argentina la final.

Todo comenzó en la tediosa primer ronda; Boca afrontó un duro grupo con rivales complicados. Sólo consiguió 1 punto de 9 en juego como visitante (empató ante Maracaibo, perdió ante Colo Colo y Atlas), aunque ganó sus tres partidos como local. En la visita a Colo Colo recibió una marca que perseguiría a uno de sus hombres claves: Riquelme se desgarró ante los chilenos y nunca pudo volver a entrenar con normalidad.

A partir de allí, la tarea de Boca para clasificarse fue muy sacrificada: Transpiró sangre para vencer a Colo Colo con un hombre menos casi todo el partido y logró mantenerse con vida, cayó abatido y preocupado ante Atlas y llegó al borde de la cornisa contra Maracaibo, donde con la vuelta de Riquelme venció 3-0 y se clasificó gracias a la victoria de Atlas.

Una irregularidad constante y la escasa presencia de Riquelme marcaron a fuego el andar xeneize por la fase de grupos. Muchos errores defensivos y la persecución de lesiones gravitó en el desparejo rendimiento de Boca.

La eliminación directa depararía otra suerte para el xeneize, al menos en las dos instancias siguientes. El campeón había entrado por la ventana a la segunda ronda, pero estaba vivo, mantenía su estirpe guerrera y prometía dar pelea.

El primer rival, en octavos, fue Cruzeiro. En la ida, Boca jugó un muy buen partido pero erró muchas chances de gol y sólo ganó 2-1. Encima, al final del partido un estúpido hincha arrojó un hielo al juez de línea, provocando el abrupto final del encuentro y, posteriormente, la suspensión por 30 días de La Bombonera.

La vuelta en el Mineirao esperanzó a los detractores xeneizes; pero Boca silenció rumores con autoridad y presencia, sacó a relucir su chapa copera y ganó 2-1 con Palacio y Palermo como figuras. El renacimiento futbolístico del equipo asustó a los rivales.

Los cuartos de final revivieron un partido de la fase de grupos, Boca enfrentó a Atlas como local en cancha de Vélez pero jugó mal y empató 2-2 dejando oscuro el panorama. Sin embargo, el equipo resurgió en la batalla de Guadalajara y asombró al mundo futbolístico tras una epopeya que silenció a todo México: Ganó 3-0 con tres goles de Palermo, el mejor centrodelantero de la historia xeneize.

Ischia había logrado optimizar el rendimiento del equipo: Aceitó la defensa, mejoró la efectividad de los delanteros y recuperó al mejor Battaglia, una de las figuras de Boca.

Fluminense sería el escollo en semifinales; en cancha de Racing ambos equipos ofrecieron un gran espectáculo. Boca jugó mejor pero sólo obtuvo un 2-2. Dos goles de Riquelme terminaron opacados por un tanto de cabeza y un grave error de Migliore que derivó en el empate final.

Sin Caranta, lesionado, Boca sufrió la ausencia de su guardameta titular. Además, Migliore no estuvo a la altura de las circunstancias. La ausencia del templo xeneize que es La Bombonera y la inestabilidad de Riquelme perjudicaban el rendimiento xeneize. Pero el equipo suplía sus déficits con una enorme cuota entrega y sacrificio.

El segundo partido ante Fluminense es historia reciente. El equipo xeneize mereció más, buscó más, fue más pero lo único que encontró fue un golpe a la ilusión. La suerte le soltó la mano. Pero Boca murió en su ley, batallando con todas sus fuerzas y de pie. Habrá revancha, seguro.

    • A los hinchas plumíferos que salieron del pozo del que estaban simplemente decirles: Riverguenza.

    • Pompilio desmintió peleas.

Desde TodoBoca, recomendamos a nuestros lectores que escuchen hoy a las 20 hs “Cero a la Izquierda” - AM Lider 1540 - http://www.amlider.com.ar.