
Boca hizo méritos para ganar el partido y se puso en ventaja con un gol de Palermo pero Gallardo, de tiro libre, selló el 1-1 final.
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Boca y River empataron 1-1 esta tarde en La Bombonera en un partido intenso, que fue dominado casi en su totalidad por el xeneize, pero que en el final, pudo haber sido triunfo de cualquiera de los dos equipos. Los goles, de Palermo y Gallardo, fueron de alto vuelo.
El tan ansiado encuentro comenzó con gran intensidad. Ambos equipos salieron a bancar la fricción y no esquivaron el roce.
Con un buen circuito ofensivo compuesto por Gaitán, Palacio, Chávez y las subidas de los laterales, Boca dominaba la posesión y sus ataques tenían más claridad que los de River. En el medio, Vargas y Battaglia contenían con eficacia a Gallardo y Bou, y en el fondo, los centrales sufrieron un poco a Fabbiani, movedizo al comienzo, y a Falcao, pero luego lograron neutralizarlos. Boca no extrañaba a Riquelme por su buen funcionamiento colectivo.
River no defendía bien y ofrecía demasiadas garantías para las escaladas de los volantes xeneizes. La dinámica de Palacio y su constante rotación complicaban a los centrales, mientras Palermo esperaba su chance en el área.

Sin demasiadas situaciones reales de peligro, Boca cortó con la austeridad futbolística y generó en 5 minutos dos situaciones claras: La primera fue de Battaglia, que tras un rebote lanzó un remate que parecía tener destino de gol, pero por un desvío cambió de dirección y se fue muy cerca, por arriba del travesaño. Luego, Gallardo ejecutó mal un tiro libre y Gaitán inició a toda máquina un contraataque que resolvió con certeza mandándole un centro a Palacio, quien cabeceó con potencia, pero a las manos de Vega.
Sin demasiado vuelo futbolístico, Bassi ordenó a los 46 minutos el final del primer tiempo. Boca había sido más que River durante toda la etapa y esperaba aumentar las diferencias en el juego durante el complemento.
El comienzo de la segunda etapa confirmó la tendencia del primer tiempo, Boca era quien tenía la iniciativa de juego y River esperaba para salir de contraataque.

Le faltaba claridad al ritmo futbolístico y el estadio se enfriaba cuando, a los 14 minutos, apareció el gran goleador: Palermo recibió un pase de Palacio y, desde 25 metros frente al arco, sacó un tremendo zurdazo inatajable para Vega y convirtió un verdadero golazo.
El tanto xeneize desbordó la pasividad riverplatense y lo convirtió en desesperación. Gorosito movió el banco de suplentes y sustituyó a Fabbiani (inexistente) y a Bou por Rosales y Buonanotte.
Sin ideas pero con un poco más de ímpetu, los dirigidos por Gorosito se acercaron al arco de Abbondanzieri y, a los 23 minutos, Buonanotte consiguió un apetecible tiro libre cerca del área. Gallardo tomó la responsabilidad y lo ejecutó con gran precisión, marcando otro golazo, esta vez, para River.

El encuentro dió un vuelco inesperado y se encontró con una situación bien diferente a la planteada anteriormente: ya no era Boca el dominador de juego, ahora el partido era de ida y vuelta e incluso River parecía generar mayor peligro.
Ischia decidió incluir a Mouche y Gracián (por Palacio y Gaitán) para buscar revitalizar la ofensiva xeneize, pero fue en vano. River tuvo el gol en los pies de Falcao, a 15 del final, pero el colombiano no pudo definir bien ante la salida de Abbondanzieri.
El mediocampo de Boca estaba quebrado y River, a pesar de sus limitaciones, lo aprovechaba. Buonanotte era la manija de los visitantes y tuvo su oportunidad con un remate que se fue desviado por el segundo palo.
En los últimos minutos, Boca a puro empuje complicó a River con los centros y pelotazos, pero ya ninguno tenía la suficiente claridad para generar ocasiones de riesgo. Así, luego de cinco minutos adicionales, Bassi pitó el final del Superclásico. Un encuentro que no le deja un buen sabor a Boca, porque el xeneize mereció ganar el encuentro, pero tampoco genera disgusto, porque también pudo haberlo perdido en el final.
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Fotos: LaNación.com